Por Oscar Salomón (*)
Ya hemos analizado la definición de Derecho, pues bien, es de suma importancia que logremos entender la aplicación de ésta en un sentido enteramente práctico.
Para lograr nuestro objetivo, pongamos el ejemplo más sencillo que podamos encontrar, y este es nada menos que con la familia. Sí, en esta ocasión utilizaremos a la familia porque ya es de todos sabido que la familia es la célula social, y tal vez no nos hemos dado cuenta, pero es el primer contacto que todos tenemos con el Derecho.

Cuando nos referimos a ese primer contacto con el Derecho estamos recordando, que, primero que nada, tenemos que obedecer a papá y mamá pues ellos, dada su edad tienen la experiencia que les da la capacidad de dirigirnos, de instruirnos, de dictar las reglas necesarias para que exista un orden dentro del hogar y que con ese orden se logra una adecuada convivencia entre todos los que cohabitamos en la misma casa, logrando así un adecuado desarrollo de todos y cada uno de los integrantes de la familia.
La dirección y la instrucción que nos dan nuestros padres dentro del seno de la familia, vista ésta como el primer grupo social en el que nos encontramos inmersos dentro de nuestros primeros años de vida, está basada antes que nada en valores. Los valores a que nos referimos son los que van a determinar nuestra moral. Según lo que nos refiere el jurista Eduardo García Maynez “suele denominarse moral o moralidad al conjunto de creencias y normas que un individuo o grupo social específico establece para que les sirva de guía o pauta a seguir”.
Asimismo, afirma que “la moral se basa en la distinción entre el bien y el mal, entre lo correcto o incorrecto, de su conducta”, palabras de las que podemos concluir que la moral es individual, pero una individualidad que se encuentra determinada por aquellos valores que nuestros padres nos inculcan desde que somos apenas unos pequeñuelos; por lo tanto, si dentro de nuestra casa de siguen determinadas normas morales, es un valor entendido que todos dentro del seno familiar siguen exactamente la misma pauta de principios, dando lugar así a la moral de un grupo social que en este caso es la familia.
Esto a lo que nos hemos referido en las líneas anteriores es lo que conocemos como normas morales. De estas normas es importante que mencionemos que son interiores, es decir, que el sujeto las debe cumplir porque así lo decide el mismo, no porque alguien le aplique sanción alguna, pues este tipo de normas no son sancionadas por el estado y tampoco son obligatorias, pero su cumplimiento, redunda en cosas positivas a nivel social, de ahí partimos para decir “familias fuertes, sociedades fuertes”.
En este mismo tenor, continuaremos tomando a la familia como el más claro ejemplo de aplicación de las normas y de esa forma, comparando a la familia con el estado es que lograremos entender de una manera sencilla y clara el funcionamiento del estado y de la aplicación del derecho como un instrumento del que disponemos los individuos para lograr nuestros fines. Asimismo, entenderemos también en los próximos artículos como el sistema jurídico mexicano protege el desarrollo integral de todos los individuos que nos encontramos dentro del territorio nacional.
(*) Académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sotavento
























